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lunes, 18 de marzo de 2013

El gol cumple 100 años

Artículo publicado por Unai Larrea en marca.com el 17/03/13

Pichichi se estrenó a los dos minutos de su debut oficial


Fue un pésimo estudiante, un tormento para su abnegada madre. Tan peligroso con el balón en los pies como con el bolsillo lleno. «Travieso, díscolo y enredador», le definió un tío cura. Fue el primer ídolo de San Mamés, también el primer futbolista increpado por La Catedral.

Despechado, se retiró muy joven, con apenas 28 años, y se pasó al arbitraje, del que también salió trasquilado. Y murió en la flor de la vida, sin haber cumplido los 30: unas ostras en mal estado, rezaba la versión oficial; los excesos de la mala vida, reconocen hoy abiertamente sus descendientes. Pero antes de sumir a Bilbao en un luto profundo, Rafael Moreno Aranzadi, Pichichi, se las ingenió para labrarse una leyenda, la primera del fútbol español. Un mito que comenzó a forjar tal día como hoy, hace un siglo exacto.

17 de marzo de 1913. El Madrid no es Real, sino Madrid Foot-ball Club, y San Mamés no pasa de ser un descampado a las afueras de Bilbao cuyas tierras están siendo removidas por unos locos sportsmen anglófilos. MARCA no ha nacido, y en los periódicos que se editan campan a sus anchas los anuncios de elixires, brebajes y mejunjes contra la calvicie, el estreñimiento o la sordera.

El kilo de bacalao, «sin espina ni pellejo», cuesta 2,50 pesetas (0,015 euros), y Rafael Moreno es un joven de 20 años más conocido en Bilbao por su tío-abuelo, Miguel de Unamuno, que por sus habilidades con el balón.

Sin embargo, estas últimas le han traído este lunes de marzo hasta el Estadio de O'Donnell, donde se dispone a debutar con el Athletic. Antes de hoy, Pichichi ya ha jugado varios amistosos. En 1911 llegó incluso a disputar el Campeonato de España (antigua Copa) que el Athletic organizó en el campo de Jolaseta.

Jugó con el segundo equipo, el Bilbao, y le marcó un gol a la Academia de la Artillería. Pero aquel campeonato fue anulado por el organismo precursor de la Federación Española a cuenta del boicot que varios equipos le hicieron al Athletic por una supuesta alineación indebida de dos futbolistas... ¡extranjeros!

De modo que el que Pichichi le anotó al Madrid a los dos minutos de juego de aquella semifinal de Copa de 1913 fue su primer gol cien por cien oficial, y el primero de los 78 que anotaría con su Athletic.

«Sale Bilbao, y a los pocos minutos de juego marca Moreno el primero para su equipo», reza la crónica del ABC. Apenas 10 minutos más tarde, Pichichi marca el segundo, pero lo hace con polémica. «...Moreno llega hasta el goal, y al ver que por el efecto, el balón se le vuelve, lo coge en el aire con la mano, y en esta forma lo mete en el goal».

El Athletic gana 3-1 y se medirá al Racing de Irún en una final hoy inimaginable: empate a dos después de que el árbitro anulara seis goles, seis, al Athletic. Al día siguiente, en la repetición, se impuso el Racing. Meses después, al Athletic no se le ocurriría mejor revancha que invitar al equipo de Irún al partido de inauguración de su nuevo campo, San Mamés, el 21 de agosto de 1913. Acabó empate a uno, y el primer gol de la historia en el coliseo bilbaíno lo anotó... Pichichi, por supuesto.

El origen del apodo

Aquel gol, y muchos otros, y sus artimañas, y sus trifulcas, y sus parrandas, edificaron el mito de Pichichi. Si Unamuno fue su tío-abuelo, su padre, Joaquín Moreno, abogado, llegó a ser alcalde de Bilbao.

El hermano mayor, Raimundo, estudió Ingeniería de Minas en Londres. Allí inoculó el virus del fútbol, y se lo transmitió al hermano pequeño, que hacia novillos en los Escolapios, de crío, y en la Universidad de Deusto, ya mozo, para jugar contra los marineros británicos en la Campa de los Ingleses, a orillas de la ría de Bilbao.

A Rafael le gustaban aquellos partidos porque eran todos mayores que él: «Los equipos de amiguetes se lo disputaban y alguien le llamó Pichichi tal vez en derivación de ‘pichón’, ‘pichín’ o ‘pichichi’, terminología dedicada cariñosamente a personas allegadas de corta estatura", cuenta Alberto López Echevarrieta en el libro Pichichi: Historia y leyenda de un mito'. Allí, en los terrenos que hoy ocupa el Museo Guggenheim, surgió el alias que le sobrevivió, y que hoy es sinónimo de goleador

Sus hazañas, dentro y fuera de la cancha, hicieron de Pichichi una celebridad en Bilbao. Unamuno trató por todos los medios de enderezarle, sin éxito. Le cedió parte de su colección de sellos, pero la filatelia no atraía a Rafael.

Muerte y conmoción

Con una vida tan desordenada, no extraña que Pichichi alternara actuaciones fabulosas con petardazos que agotaron a la afición de San Mamés. Abandona el fútbol tras conquistar en San Mamés la Copa de 1921, y se pasa al arbitraje. Debuta en La Catedral y la cosa, lejos de mejorar, empeora.

Cuelga el silbato y fallece el 1 de marzo de 1922, dejando mujer e hija. La noticia de su muerte causó una profunda conmoción en la sociedad bilbaína. Su entierro fue multitudinario. El Athletic le brindó una misa en su estadio. En 1926, el club ordenó construir un busto, el mismo en el que aún hoy colocan flores los capitanes de los equipos que jugaban por primera vez en San Mamés. En la temporada 1952-53, el diario MARCA instaura el Trofeo Pichichi, que desde entonces distingue al máximo goleador de la Liga española. El primer ganador fue Telmo Zarra. De Bilbao, claro. Como Pichichi.